EL GRAN DILEMA: ¿VEGETARIANO U OMNÍVORO?
Por Gloria Rosales.

Es una situación habitual cuando profesores o practicantes de yoga nos reunimos y aparece en escena el tema de las dietas. Es entonces cuando, los que comen carne, lo dicen con cierta reserva, casi en un tono de “confesión”, ya que la dieta yóguica se reconoce – en términos generales – como una dieta vegetariana. Es más, en algunas escuelas son muy estrictos al respecto y ser vegetariano lo convierten en un requisito para acceder a las enseñanzas.

En nuestra Formación de Profesores el tema del vegetarianismo siempre trae discusiones apasionadas pero nunca debemos olvidar que… ¡el mayor reto como yoguis es practicar la tolerancia!

Entonces, ¿cómo es la dieta de un practicante de yoga?

En nuestro entorno se barajan sobre todo estos ingredientes: que sea saludable, que proporcione una energía equilibrada y sostenible, promueva la calma mental y los valores personales de cada uno. Y esto, en mi opinión, se puede lograr de formas muy muy diversas.

Las razones para no comer carne pueden ser varias: para la mayoría de vegetarianos es una mezcla entre ética y salud. Ahimsa, la “no violencia” está en la base de la práctica y escogen hacer el menor daño posible a los seres con los que convivimos en este planeta. Por otro lado, encontramos el factor “salud”; los vegetales y especialmente las verduras son los alimentos que – por regla general – nos van bien a todos y nos hacen sentir más ligeros.

Sin embargo, otros practicantes sí comen carne, mas cuidan ciertos aspectos como la cantidad y frecuencia; No hace falta ingerir proteína animal en cada comida para obtener el alimento que uno necesita. En muchas familias existe la creencia de que si no hay carne en nuestra mesa, nuestra alimentación no estará completa, cuando la realidad es que se puede lograr un equilibrio muy nutritivo introduciendo en la dieta algún menú con legumbres y fuentes variadas de proteína vegetal, a ser posible cultivadas de forma respetuosa con el entorno. Recomendamos buscar las cooperativas del barrio que traen cestas de verdura ecológica a casa. Y, además, si lo compartes entre vecinos sale mejor de precio.

¡No sin mi chorizo! 

Alguna vez hemos sido testigos de reacciones extremas al sugerir un plato de lentejas sin embutido. Pero, ¿podemos abrirnos a explorar posibilidades nuevas? Existen potajes llenos de sabor que usan las mismas especias, como el pimentón, que dan su sabor característico a algunos embutidos que se usan en este tipo de platos. El tema puede ser complicado cuando el yogui convive con una familia de costumbres más tradicionales. Aquí la recomendación es organizarse uno mismo sus comidas, no sermonear a nadie y si la familia se muestra un poco abierta, pactar algunos menús de la jornada.

¡Y sobre todo ten paciencia!  En Barcelona los ingredientes del “sandwich vegetal” siguen siendo: pan, lechuga, huevo, mayonesa y jamón dulce o pollo.

Otro aspecto fundamental que suelen cuidar los yoguis omnívoros es el origen de la carne; Asegurarse que el animal haya sido criado en libertad y sacrificado con el menor sufrimiento posible.  Si alguien no conoce la realidad de los mataderos industriales le invitamos a ver un ejemplo en el vídeo de más abajo (ojo aquellos que sois sensibles).  Simplemente debemos conocer el dato que, cuando compramos carne barata, es porque han masificado el proceso de cría y matanza de maneras que personas sensibles que compran estos productos no apoyarían. Una manera de evitar este sentimiento es tan fácil como dejar de comprarlos.

Si practicando Yoga buscamos sentirnos más elevados, despiertos, con energía, más perceptivos, con la mente calmada, lúcidos y conectados, está claro que lo que ingerimos va a influir en nuestra manera de vivir.  Al fin y al cabo, al comer un alimento, una parte del mundo nos está atravesando por dentro.

Existen distintos tipos de dietas que se suelen practicar en los círculos de yoga y terapias alternativas. Aquí os los dejo con una breve descripción:

Vegetariana: Consume solamente alimentos del reino vegetal; puede incluir productos de origen animal que no implican la muerte del animal como huevos, leche y miel.  No se puede hacer de cualquier manera, es necesario elaborar los menús asegurándote que cubran tus necesidades nutricionales.

Dieta Vegana: No consumen ningún producto ni derivado animal. Una de las razones es el rechazo a mantener los animales en cautiverio provocándoles sufrimiento innecesario o por ejemplo el mantener preñadas constantemente a las vacas para producir leche.

Dieta Macrobiótica: basada en la medicina china y el budismo zen, busca el equilibrio usando las cualidades de los los alimentos que se mueven entre los principios Yin (que enfrían, expanden, humedecen, dispersan, de cualidad sutil) y Yang (que calientan, contraen, secan, fortalecen o densifican, concentran).  Es una dieta alcalina para evitar que la acidificación de la sangre deteriore la salud. Contempla el consumo de carne o pescado en cantidades moderadas.

Dieta Ayurvédica: El ayurveda (= ciencia de la vida) se originó en la India hace miles de años y es un sistema holístico y preventivo cuyo recorrido va de la mano del Yoga.  La dieta se adecúa a tu constitución personal y se considera clave tanto para la prevención como para la curación de las enfermedades. El Ayurveda como ciencia no prohíbe el consumo de carne y en situaciones especiales la prescribe.

Dieta del grupo sanguíneo: Esta no tiene el componente filosófico de las anteriores pero se escucha bastante en los círculos “alternativos”. Creada en los años 80 por los doctores James y Peter D’Adamo, establece una serie de alimentos que van en consonancia con tu tipo de sangre.

Como conclusión, me gustaría decir que, en este mundo, si eres muy ortodoxo te puedes volver loco y seguramente no te sentará bien; ni a ti y sobre todo a los demás.

Como fue el caso de una persona que se planteó seguir las normas de estas dietas y tras superponer lo que podía o no podía comer de cada una de acuerdo a su constitución, se encontró con que lo único que le quedaron fueron las ciruelas. Esa persona soy yo.

En resumen: come de manera consciente. Conciencia en cuanto a: qué estoy comiendo, cómo lo estoy comiendo, cómo afecta esto al entorno y a la comunidad y cómo me sienta.

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