Yoga y amor: La enseñanza de Abhyāsa
- Gordana Vranjes

- 22 jul
- 4 min de lectura
Quizá el amor no es solo encontrar a la persona adecuada. Quizá también es aprender a amar. A ver que dice el Yoga....
Mysore, India. Año 2001.
Llevaba unos meses viviendo en la India cuando me invitaron a una boda.
Una boda India, que emoción.
Hasta entonces solo las había visto en películas. Así que, como puedes imaginar, tenía muchas ganas y mil preguntas. Pero había una que me intrigaba especialmente.
—¿Es un matrimonio concertado?
Durante muchos años, en la India era habitual que las familias organizaron los matrimonios de sus hijos. A menudo buscaban una pareja de la misma religión y de la misma casta. Detrás de esa forma de entender la vida había también una visión espiritual: la creencia de que las circunstancias en las que nacemos no son casuales, sino parte del karma y del camino de aprendizaje de cada alma. Eso no significa que el sistema de castas no haya generado profundas desigualdades —de hecho, sigue siendo muy cuestionado—, pero sí ayuda a comprender que, para muchas personas, no era solo una norma social, sino también una forma de entender el orden del universo.
Recuerdo pensar:
¿Cómo puedes casarte con alguien si no estás enamorado?
Había crecido con una idea completamente distinta del amor.
Primero te enamoras.
Después construyes una vida juntos.
Y por eso aquella pregunta se quedó conmigo.
Pero...
¿Y si nuestra idea del amor tampoco fuera completa?
Vivimos convencidos de que lo más importante es encontrar a la persona adecuada.
Creemos que una buena relación es aquella en la que siempre sentimos amor.
Que, si la relación es la correcta, todo debería fluir de forma natural.
Y quizá ahí está uno de nuestros mayores errores.

El mayor error que cometemos al hablar del amor
Quizá el mayor error no sea elegir a la persona equivocada.
Quizá el mayor error sea creer que el amor es únicamente un sentimiento.
Durante mucho tiempo pensaba que una buena relación era aquella en la que el amor simplemente estaba ahí. Que debía sentirse de forma constante.Que, si dejabas de sentirlo, significaba que algo iba mal.
Hoy lo veo de otra manera.
Creo que es muy difícil construir una relación con alguien que entiende el amor únicamente como un sentimiento y no también como una elección, una práctica y una habilidad.
Porque quien piensa que el amor es solo un sentimiento espera que una relación sea fácil.
Espera sentirse enamorado todo el tiempo.
Y cuando ese sentimiento cambia —porque cambia en todas las relaciones— empieza a dudar.
Duda de la otra persona.
Duda de la relación.
Piensa que quizá ya no está enamorado.
O que, simplemente, eligió a la persona equivocada.
Pero ¿y si el problema no fuera la persona?
¿Y si el problema fuera la idea que tenemos del amor?
Porque cuando decides compartir tu vida con alguien, habrá muchos momentos en los que amar no será algo que simplemente sientes.
Será algo que eliges.
Habrá días en los que tendrás que escuchar cuando preferirías marcharte.
Conversar cuando lo más fácil sería encerrarte en el silencio.
Pedir perdón.
Reparar.
Volver a empezar.
Y hacer todo eso no porque en ese momento sientas un amor inmenso, sino porque has decidido cuidar la relación que estás construyendo.
Quizá enamorarse sea un sentimiento.
Pero amar es otra cosa.
Amar también se aprende.
Amar también se practica.
Y fue precisamente ahí donde empecé a comprender algo que el Yoga llevaba miles de años enseñando.

Lo que el Yoga puede enseñarnos sobre el amor
Existe una palabra en sánscrito que aparece una y otra vez en los Yoga Sutras de Patanjali: Abhyāsa.
Normalmente se traduce como práctica constante.
Pero Abhyāsa es mucho más que repetir una postura o desenrollar la esterilla cada mañana.
Es la decisión de volver.
Volver cuando no hay motivación.
Volver cuando aparecen las dudas.
Volver cuando el entusiasmo inicial ya no está.
Patanjali nos recuerda que la práctica solo se vuelve estable cuando se sostiene durante mucho tiempo, sin interrupción y con dedicación.
No habla de intensidad.
Habla de constancia.
Y cuanto más estudiaba este concepto, más me daba cuenta de que no describía únicamente una práctica de Yoga.
También describía una buena relación.
Porque una relación no se sostiene por la intensidad del enamoramiento.
Se sostiene por la capacidad de volver.
Volver a escuchar.
Volver a comprender.
Volver a cuidar.
Volver a elegir.
Quizá por eso el Yoga nunca ha puesto el foco en la motivación.
La motivación cambia.
Las emociones cambian.
El enamoramiento también.
La práctica es lo que permanece.
Y quizá eso sea, precisamente, amar. El amor propio también es Abhyāsa
Hay algo todavía más importante.
La primera relación en la que practicas Abhyāsa no es la relación con tu pareja.
Es la relación contigo.
También hay días en los que no te apetece cuidarte.
No te apetece practicar.
No te apetece mirar adentro.
Y, aún así, vuelves.
Vuelves a desenrollar la esterilla.
Vuelves a escucharte.
Vuelves a elegir aquello que sabes que te hace bien.
Quizá eso también sea amor. Amarte a ti mism@.
En resumen: Enamorarse ocurre. Amar se practica.



